Es muy frustrante tener molestias íntimas recurrentes, como picores o un flujo raro, y no tener claro el motivo. La mayoría de las veces el problema tiene nombre y apellidos, aunque rara vez le prestamos la atención que merece. Para despejar dudas de una vez por todas, veamos qué es el pH vaginal y cómo puede estar relacionado con las infecciones.
¿Qué es el pH vaginal?
Imagina el pH como un termómetro que, en lugar de temperatura, mide el nivel de acidez o alcalinidad de tu vagina. Funciona en una escala del 0 al 14: por debajo de 7 es ácido, 7 es neutro y por encima de 7 es alcalino.
Si estás en edad fértil, tu pH vaginal no es neutro, sino que es ligeramente ácido (suele estar entre 3,8 y 4,5). Y créeme, esto no es casualidad. Este nivel de acidez es tu escudo protector: crea un ambiente en el que los microorganismos dañinos no pueden sobrevivir, pero donde las bacterias “buenas” viven como reinas.
Todo el trabajo duro lo hacen los lactobacilos, las bacterias de tu microbiota cuya función principal es producir ácido láctico. Ese ácido mantiene el entorno vaginal con la acidez necesaria para que las bacterias malas no consigan acomodarse, crecer ni favorecer infecciones.
Relación entre el pH vaginal y las infecciones
Tu pH es la puerta de entrada. Si se mantiene en sus niveles ácidos normales, la puerta está cerrada para los patógenos. El problema llega cuando ese equilibrio se rompe.
- Si tu pH se eleva y se vuelve más alcalino, le estás poniendo una alfombra roja a bacterias dañinas que causan infecciones como la vaginosis bacteriana.
- Si tu pH se vuelve excesivamente ácido, puede facilitar, en conjunto con otros factores (como la toma de antibióticos), la aparición del temido hongo de la candidiasis (aunque el pH por sí solo no siempre es el único motivo).
¿Qué desajusta el equilibrio vaginal?
Hay muchas cosas en nuestro día a día que pueden desestabilizar la balanza sin que nos demos cuenta:
- La menstruación: La sangre es alcalina, por lo que durante la regla tu pH sube de forma natural.
- Las relaciones sexuales: El semen también tiene un pH alcalino, lo que neutraliza temporalmente tu acidez.
- Los antibióticos: Matan las bacterias malas, sí, pero también barren con tus lactobacilos protectores.
- El estrés crónico: Cuando vives estresada, tu cuerpo segrega cortisol, lo que altera tu sistema inmune y deja a tu microbiota sin “alimento”, aumentando el riesgo de infecciones.
- Productos de higiene inadecuados: Este es el error más común. Muchos geles de ducha normales son muy alcalinos.
¿Cómo saber si tengo mal mi pH?
¿Cómo te avisa tu cuerpo de que el pH está descontrolado? Tu cuerpo es sabio y suele encender luces rojas cuando algo falla. Presta atención si notas:
- Cambios en el color, olor o textura de tu flujo.
- Un olor mucho más intenso o desagradable (como a pescado).
- Picor, escozor, irritación o dolor al orinar.
- Incomodidad o dolor durante las relaciones sexuales.
¡Aviso Urocran! Aunque en la farmacia venden test de pH para orientarte en casa, si tienes síntomas persistentes, tu médico siempre debe tener la última palabra.
Consejos para mantener el equilibrio del ph vaginal
Cuidar tu salud íntima no requiere rutinas complicadas, solo pequeños ajustes:
- Lávate con cabeza (y sin excesos): La vagina (la parte interna) es muy inteligente y se limpia sola. Olvídate por completo de las duchas vaginales, ya que lo único que consiguen es arrastrar tu flora “buena” protectora. Para la zona externa (la vulva), lo ideal es utilizar solo agua o un gel íntimo con un pH fisiológico, es decir, que ronde el 4,5.
Y aquí hay que tener mucho cuidado: muchos geles íntimos habitualmente disponibles en farmacia tienen un pH alcalino (los del supermercado generalmente ni lo indican) pero la realidad es que usarlos todos los días puede desequilibrar por completo tu microbiota vaginal y favorecer infecciones. ¿Significa que son malos? No, pero los geles alcalinos solo deberían utilizarse en casos muy puntuales, como cuando estás sufriendo una infección por hongos (fúngica), como la candidiasis.
Para tu día a día, ve a lo seguro y elige opciones que respeten tu escudo ácido natural, como por ejemplo el gel íntimo fisiológico de Actifemme, con un pH de 4,5.
- Deja que tu zona íntima respire: Evita la ropa híper ajustada y pásate a la ropa interior de algodón. Los materiales sintéticos acumulan humedad y calor, el paraíso para hongos y bacterias.
- Vigila los cambios hormonales: Sé consciente de que durante tu regla, el embarazo o la menopausia eres más vulnerable. Escucha a tu cuerpo en estas etapas.
- No abuses de los antibióticos: Tómalos solo cuando te los recete tu médico, ya que arrasan con tus defensas íntimas.
- Refuerza tus defensas desde dentro: Mantener a tus bacterias buenas fuertes es muy importante. Aquí es donde entran en juego aliados como los probióticos. Si eres propensa a sufrir desequilibrios que terminan en cistitis o infecciones vaginales, buscar complementos específicos que combinen probióticos con D-manosa y arándano rojo es una excelente estrategia. Estos ingredientes actúan en equipo: ayudan a evitar que ciertos microorganismos se adhieran al tracto urinario y vaginal.
Existen opciones como Urocran® Daily, pensadas para el mantenimiento y la prevención de recurrencias, que combinan estos ingredientes para ayudar a cuidar el equilibrio del entorno urinario.
Cuidar tu pH vaginal es una forma de autocuidado. Ahora ya tienes la respuesta a la gran pregunta de qué es el pH vaginal y cómo puede estar relacionado con las infecciones. Entender cómo funciona tu cuerpo te da el poder de tomar mejores decisiones y despedirte por fin de esas molestias recurrentes.
Fuentes
SEMERGEN. Recomendaciones para el diagnóstico y tratamiento de las infecciones vulvovaginales en Atención Primaria (2018)

UROCRAN
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